Uno de los mas grandes pensadores del siglo pasado fue sin duda Carl Sagan, astrónomo de profesión, dedicó su vida no solo a ese campo de estudió sino a también a deliverar sobre cuestiones más allá de su campo de trabajo, esto influenciado por las corrientes de pensamiento predominantes en la década de 1960.
En el libro “El universo de Carl Sagan” (Yervant Terzian) hay unos extractos de una entrevista que le hicieron en1994 en la Universidad de Cornell, en USA en donde no solo se tocaron temas de astronomía, se hablo de religión y de vida extraterrestre:
CARL SAGAN HABLA DE RELIGIÓN:
Pregunta: ¿Cuál es su religión personal? o ¿cree usted que existe algún tipo de dios?, ¿qué sentido tiene que estemos sentados en esta pequeña mancha en medio de este mar de estrellas?
Sagan: No quiero eludir ninguna pregunta y tampoco lo voy a hacer con esta. Pero antes de nada permítame preguntarle a qué se refiere cuando emplea el término “dios”.
Pregunta: Bueno, supongo que con mi pregunta me refiero a si todo esto tiene algún sentido, quiero decir, en vista de todas estas degradaciones ¿porqué no nos destruimos?
Sagan: Permítame invertir la pregunta. Si nos destruyéramos, ¿refutaríamos la existencia de Dios?
Pregunta: No, supongo que no. Supongo que mi pregunta alude a que casi prescindimos de Dios al hablar de todas esas degradaciones… A través de los tiempos, nosotros, los humanos, hemos creado un cuerpo mitológico que siempre ha implicado, o que a menudo ha implicado a algún tipo de espíritu superior… Si eso se termina a medida que aprendemos más y más y cada vez parece más difícil demostrar la existencia de algo así, ¿a dónde nos conducirá todo esto?
Sagan: A nosotros mismos. (Aplausos). En lo cual veo una responsabilidad mucho mayor que en la esperanza de que venga alguien procedente del exterior para salvarnos de nosotros mismos. En este último caso, no tendríamos que dedicar nuestros mejores esfuerzos a hacerlo por nuestro propios medios.Si yo estuviera equivocado y hubiera alguien que viniera a salvarnos, pues perfecto.
El término Dios engloba un enorme abanico de ideas diversas (y así lo reconoce ud. por el modo en que ha expresado la pregunta) que va desde un hombre descomunal, de piel clara, con larga barba blanca que ocupa un trono en el cielo, que registra la caída de cada gorrión y del cual no existe evidencia alguna, hasta el tipo de dios proclamado por Einstein o Spinoza, que guarda gran parecido con la suma total de las leyes de la naturaleza. Ahora bien, la existencia de leyes aplicables a todo el universo constituye un hecho observable y magnífico. Si a eso es lo que ud. quiere denominar Dios, entonces por supuesto Dios existe.
Pero hay otros matices. Está, por ejemplo, el dios deísta en el que creyeron muchos de los padres fundadores de este país, un “roi faineant”, un rey que no hace nada, el dios que crea el universo y luego se retira y ante el cual los rezos se convierten en una especie de sinsentido. Ya no está aquí, se marchó a algún otro lugar; tenía otras cosas que hacer. Se trata de otro tipo de dios, otro dios creador pero muy diferente del dios judeo-cristiano-musulmán. De modo que tanto si respondo que sí como si respondo que no a su pregunta de si creo en Dios, usted no habrá aprendido nada en absoluto.
Pregunta: Me imagino que le estoy pidiendo que defina el suyo, en caso de que crea en alguno.
Sagan: Pero ¿por qué emplea un término tan ambiguo, de significados tan distintos?
Pregunta: Eso le da libertad a la hora de definirlo.
Sagan: Me da la libertad de parecer que coincido con otras personas con las que en realidad no coincido. Anula las diferencias. Evita roces sociales pero no ayuda a encontrar la verdad. Creo que las preguntas de este tipo requieren un lenguaje mucho más definido. Disculpen que dedique tanto tiempo a esta respuesta, pero me parece una cuestión importante.
Carl Sagan ganó el premio Pulitzer en 1978 por “Los dragones del edén”, un libro que habla sobre la naturaleza del cerebro humano (curiosamente), era un fumador de Canabis (aunque públicamente nunca lo aceptó), creó el proyecto SETI para la búsqueda de inteligencia extraterrestre y fue él el que propuso el término de “efecto invernadero” al aumento de la temperatura global causada por el aumento del dióxido de carbono en la atmósfera.
la entrada original es del blog de Libre pensar, un blog muy recomendable por la calidad de los artículos expuestos.
Abril 13, 2009 at 11:03 pm
Uy, Dios es tan grande como la imaginación de cada uno, incluso Carl Sagan vislumbró a Dios de una forma invisible que puede semejar a uno mismo.
Armemos polémica; yo digo que si Dios no existiera no habría vida.
(todos somos vida ¿no?)
Abril 14, 2009 at 8:12 am
Yo en lo personal prefiero una especie de dios interno, es decir, que cada quien tenga la capacidad de conducirse por la vida con ética, con principios, con valores. En términos más mundanos no ser tan ojaldras ni gandallas con nuestro prójimo.
Un Dios poderoso y externo solo funciona para pedirle favores a través de rezos o para que te perdone tus tarugadas con 30 padres nuestros. Ese tipo de Dios no me late.
Abril 14, 2009 at 8:57 pm
ergo… todos somos dios… jejejeje, concuerdo con el agus, pero si un dios es interno, no digo que no pueda existir un culto de tal magnitud, los romanos tenian sus dioses familiares, o deimonios, a los cuales se les rezaba para pedirles fortuna o para alguna situacion especial, de hecho hoy en dia es una costumbre, mas o menos aceptada, solicitar a los familiares muertos intencerdan por nosotros “ante dios nuestro señor”, pero lo que propone el agus va mas alla.. pero segun yo, en ese caso, no podría llamarse dios, al menos no con el concepto de todopoderoso, pues mas que un dios es una ideología y un modelo o meta.. una cuestion, espinosa, polemica y a la vez algo de lo que se puede discutir horas y horas
Abril 14, 2009 at 10:34 pm
Un Dios todopoderoso es una metáfora, si somos capaces de construir edificios tan altos, murallas tan largas, recrear efectos de la naturaleza, imaginar distancias que no alcanzamos ni a vislumbrar, entonces nuestro Dios interno, sigue siendo todopoderoso ¿que no?
Abril 14, 2009 at 11:49 pm
Como ya me pronuncié al respecto en el tianguis bloguero, me permito reiterar lo dicho.
Un Dios posible.
Le dice el papá hipopótamo a su hijo hipopotamito: “… y así fue, hijo mío, Dios nos hizo a su imagen y semejanza”.
Debo haber escuchado ese chiste por primera vez cuando tenía unos 15 o 16 años. Recuerdo bien que me lo contaron cuando estaba yo en el Colegio de Ciencias y Humanidades. Aunque obviamente no pasó de darme risa, sin percatarme de la agudeza del planteamiento.
Por donde se le vea, la idea de un Dios personal, con rostro, tronco, brazos y piernas humanos –y hombre, además- es tan absurda como el hecho de que se dedica a arreglarle, o fastidiarle, según el caso, la vida a cada uno de nosotros. Resulta que es un Dios que le gusta que le rueguen con fruición. Él, en contrapartida y según su santo capricho, cura enfermedades, salva de accidentes, pone novias, ahuyenta envidias, arrima dinero, consigue trabajo, reconcilia matrimonios, quita vicios y cuanta circunstancia que unos 1,000 millones de cristianos pueden llegar a plantearle en todo el mundo. Como se trata de una tarea ardua, cuenta con un ejército de santos y vírgenes , muchos de ellos muy milagrosos, que escuchan y atienden, más o menos con cierta independencia respecto al jefe principal, peticiones de muy diversos tipo de sus fieles. A eso agréguenle los agentes milagrosos de nuevo cuño, como la Santa Muerte cuya fuente de seguidores son los mismos cristianos.
Sin embargo, curiosamente, y a pesar de ese poder transformador de la realidad, ninguno, incluido Dios mismo, parece tener capacidad de intromisión alguna en la economía, por lo que el milagro de que baje el dólar frente al peso no es una petición plausible. Mucho menos puede modificar la inflación, el volumen de remesas de los migrantes o el precio del barril de petróleo. Tampoco parece muy interesado en los casos de violencia, ni en las guerras, en el hambre, los desastres naturales, ni en mover un dedo en casos de fraude electoral o en iluminar las decisiones de la Suprema Corte de Justicia.
O sea, Dios puede conseguirle trabajo a alguien que se lo pida con suficiente devoción, pero no es capaz de modificar las tasas globales de desempleo.
No sé si Alá está en las mismas con sus tres mil millones de musulmanes alrededor del mundo.
A pesar de eso, la idea de un Dios antropomórfico es la que fundamentalmente prevalece en las principales religiones del mundo. Las consecuencias de ello son muchas, pero vayamos a la principal: permite la existencia de una clase sacerdotal que, monopolizando la interlocución con Dios, acumula un poder político y económico bastante terrenal, corrupta hasta el tuétano y fuente de muchas injusticias y sufrimientos. Por poner un ejemplo al vuelo más allá del clásico de la Inquisición: siempre he pensado que la historia y conducta personal del Obispo (¿obispo?) Onésimo Cepeda es la prueba fehaciente de que el tipo es un ateo consumado. Nadie que realmente crea en Dios y que, además, asuma su representación en el mundo, puede comportarse de ese modo sin un verdadero pánico por el castigo de Dios consecuente. Es decir, el tipo debe tener sus razones para estar tan relajado.
Hasta aquí, el asunto podría tener un punto final muy sencillo que haría innecesaria toda la argumentación anterior: Dios no existe.
De hecho, esta es mi posición personal desde hace muchos años. Pero, vaya, uno va poniéndose viejo y nunca falta la tentación de querer explorar un poco la otra posibilidad, la de pensar en qué circunstancias y de qué modo Dios es posible y hasta dónde podríamos tener que ver con él.
Dice Einstein, con toda la autoridad que ese apellido tiene, que la religión sin ciencia es ciega y la ciencia sin religión coja. Que la existencia de un orden mayor en el universo, comprensible en alguna medida al entendimiento humano es para él, sólo en ese sentido, la fuente de su sentido religioso.
Un Dios situado en los confines de lo que nos es incomprensible es, desgraciadamente, un Dios demasiado lejos de nosotros, pero en un sentido einsteniano, un Dios necesario que, además, no está dispuesto a jugar a los dados. Alguien (o algo) preocupado en el diseño de estrategias para darle viabilidad al universo una vez que lo comience a amenazar la entropía o, como dicen otras teorías, la contracción a su huevo original, sería un Dios más interesante e inconmensurablemente mayor. Más aún si su intervención está circunscrita estrictamente a las leyes de la naturaleza que él mismo ha dictado (y aún en proceso de descubrimiento humano), las cuales, hasta donde sabemos al día de hoy, son inviolables. La física del universo como código de comportamiento divino.
La comunicación con un Dios así sería imposible. Sería millones de veces más infructuoso que gritar al cielo para comunicarle algo a un astronauta de la Estación Espacial Internacional. Y un mensaje de él sería como transmitir un mensaje de televisión dirigido a las cucarachas para conminarlas a controlar su crecimiento demográfico. Así que, para efectos prácticos, dicho Dios no existe para influir en nuestras vidas y tampoco nos ofrece la continuación de éstas después de la muerte. Ni qué decir que el concepto de pecado y muchísimos preceptos religiosos resultan también irrelevantes para un Dios así.
En realidad, no se mucho de religiones, pero entiendo que algunas de ellas no plantean la existencia de un Dios personal pendiente de nuestras peticiones. En cambio, como los budistas, proponen que la religiosidad debe ser un proceso íntimo de integración con el todo para su entendimiento y para consolidar nuestra paz interior, dándole a nuestra vida un código de conducta que mejoraría la interrelación humana por convicción propia y no por amenaza de castigo divino. Un sentido religioso de este tipo puede colmar esa necesidad humana, pero teniendo en el fondo un Dios que si bien no nos resuelve nada, dejándonos además completamente responsables de nuestros actos, también resulta en un Dios inocuo que no sirve de pretexto para los horrores de los gobiernos y fanáticos que, en su nombre, persiguen sus humanos intereses, como refiere Saramago en su “Factor Dios”. Un Dios de este tipo no pondría requisitos de fe ciega y se complacería de algún modo por cada éxito de la ciencia, pues sería un éxito que nos acerca a él. Claro, si es que alguna vez llegara a enterarse.
Ese es para mí el único Dios posible.
Hasta aquí la opinión originalmente publicada donde el buen Agus. Lamento mucho la extensión del texto, pero quisiera agregar dos cosas.
Una es que si se trata de aprender del maese Sagan, puedo recomendar sus artículos sobre religión y ciencia recogidos de manera póstuma en su libro “Miles de millones”.
Lo segundo es que… ¿qué era? Úchale, eso me pasa por estar aquí, a la una de la mañana echándome rollo a pesar de tener mucho sueño ¡Ya se me olvidó! Bueno, si me acuerdo, lo agrego.
Ahora sí, saludos.
Abril 15, 2009 at 9:42 am
Un Dios interno vendría siendo algo asi como Pepe el grillo que le decía a Pinocho (si la memoria no me falla, creo que si era a Pinocho) que se portara bien. Sería algo asi como la vocecita que te dice: “no, no lo hagas, te va a dar una enfermedad venérea…” o tal vez “no te atrevas, con esos tacos vas a andar con diarrea, no te los comas” o por ejemplo: “portate bien, no seas gacho y avisale a tu jefe que va a su junta con los ejecutivos con el cierre abajo….”
Abril 16, 2009 at 5:04 pm
je,je,je.. O sea, que esa representación de un angelito que te habla en la oreja viene siendo, al final, la visión más cercana de Dios. Ooodades.
Mayo 6, 2009 at 3:19 am
Hi, nice post. I have been pondering this topic,so thanks for writing. I’ll probably be subscribing to your blog. Keep up the good posts